Antes del principio, solo existía el Éter Primordial. De su superficie nacieron nueve consciencias —los Nueve Eternos— y cada una forjó un mundo a su imagen. Nueve reinos. Nueve razas. Nueve maneras de existir. Y en el centro de todos ellos, Gemoria.
Los eruditos de Lytharia han reconstruido, a partir de los pocos textos que sobrevivieron a la Gran Ruptura y de los relatos de aquellos que estuvieron cerca de los portales, una cartografía tentativa de los reinos exteriores. No es completa. Nunca lo será. Pero permite dar un nombre a lo que llegó del otro lado.
Ignathar, el reino del fuego
Ignathar es un mundo de ciudades ardientes construidas sobre océanos de lava. Es el hogar de los dragones: seres inmensos, longevos y arrogantes, cada uno un rey en sí mismo. Durante la Gran Ruptura, fueron los primeros en cruzar los portales. Buscaban conquista. Encontraron a la humanidad. Aún hoy, algunos dragones ancianos permanecen ocultos en volcanes extintos de las Tierras Prohibidas.
Krogar, el reino de la tierra
Krogar es un mundo de piedra viva, cordilleras infinitas y minas que descienden hasta el corazón mismo del Eterno de la Tierra. Sus habitantes son los orcos: pueblos guerreros, disciplinados y sorprendentemente organizados, cuyos clanes se rigen por códigos de honor tan antiguos como su reino. Muchos jamás lograron volver a Krogar cuando cayó la Gema, y sus descendientes aún dominan buena parte de las Tierras Prohibidas.
Thalassa, el reino del agua
Thalassa es un océano sin fondo bajo tres soles. Sus habitantes son criaturas silenciosas cuyas voces suenan como corrientes lejanas. Su Eterno rara vez responde a plegarias, y sus enviados a Gemoria fueron pocos. Los que quedaron atrapados habitan aún hoy los lagos más profundos del continente, y se dice que a veces, en luna nueva, se pueden oír sus cantos desde la orilla.
Vhal'Kur, el reino del rayo
De Vhal'Kur, un mundo de tormentas perpetuas, descendieron los minotauros: guerreros colosales cuyas hachas son más grandes que un hombre, y cuya piel chispea cuando entran en combate. No trajeron ejércitos organizados, pero cada uno de ellos valía por decenas. Muchos aún viven en las mesetas altas del norte, cazando en solitario.
Aeryn, el reino del viento
Aeryn es un mundo de islas flotantes suspendidas en un cielo sin fin. Sus habitantes casi no dejaron huella en Gemoria: pasaron por los portales como un soplo, curiosos, y luego se fueron. Se cree, sin embargo, que algunos de sus vientos permanecen atrapados en el continente, y son la causa de las tormentas que aún hoy azotan las costas occidentales sin motivo aparente.
Cryomar, el reino del hielo
Cryomar es un océano congelado bajo un cielo negro. Sus criaturas son silenciosas, lentas, y viven en un tiempo distinto al nuestro. Un minuto para ellas es un año para nosotros. Cuando llegaron a Gemoria durante la Ruptura, muchos no se movieron durante décadas; algunos aún esperan, congelados, en cavernas del norte.
Solaria, el reino de la luz
Solaria es un mundo de ciudades traslúcidas donde nunca se pone el sol. Es el hogar de los elfos: bellos, longevos, implacables. Durante la Ruptura no invadieron directamente. En su lugar, ofrecieron alianzas con sonrisas que parecían amables. Aquellos que las aceptaron, dice la leyenda, jamás volvieron a ser vistos. Se rumorea que algunos elfos jamás quisieron regresar a Solaria, y aún caminan disfrazados entre los humanos del Imperio.
Umbros, el reino de la sombra
Umbros es lo contrario a Solaria: un vacío donde la luz nunca ha existido. De él surgieron los demonios: seres cambiantes, casi imposibles de describir, cuya única voluntad es la ruina. Se cree que la mitad de los monstruos que aún habitan las Tierras Prohibidas provienen de Umbros. Algunos, incluso, todavía se filtran al Imperio en las noches sin luna.
El reino sin nombre
El noveno reino corresponde al Eterno de la magia arcana, y los tratados de Lytharia se niegan a darle un nombre. Los pocos escritos que lo mencionan lo describen como un lugar imposible de mapear: pura energía cambiante donde el tiempo no fluye en línea recta. Ninguna criatura conocida procedió de allí durante la Ruptura. Ninguna, salvo las voces que aún hoy escuchan quienes tocan un fragmento de la Gema.
Algunos, en Lytharia, se atreven a susurrar que ese fue el reino con el que verdaderamente habló Eldran Veyr.
"No hay uno solo, ni dos. Hay nueve, tantos como Eternos. Y cada uno recuerda su breve visita a Gemoria." — Fragmento anónimo, biblioteca de Lytharia
Los portales están volviendo a abrirse. Los reinos, tal vez, no han olvidado su breve visita a Gemoria. Y esta vez, si vuelven, no será porque un hechicero los invocó por error. Será porque están dispuestos a terminar lo que empezaron.