Eldran Veyr

Sabio, hechicero, villano legendario... o profeta incomprendido.

Ningún nombre ha sido más odiado, temido ni prohibido en Gemoria que el suyo. Y sin embargo, hubo un tiempo en que Eldran Veyr fue amado por todos. Un tiempo antes de la peste. Antes de las voces. Antes de las nueve grietas en el cielo.

Eldran Veyr — el hechicero que abrió los portales
Eldran Veyr — el hechicero cuyo nombre está prohibido.

Los archivos oficiales del Imperio lo describen como un traidor: un hechicero enloquecido por el poder que, en su ambición por dominar la Gema, condenó al mundo entero. Pero los textos privados —aquellos que solo se leen en las salas más profundas de Lytharia— cuentan una historia distinta. Una historia que empieza, como muchas tragedias, con un hombre que amaba a su familia.

El maestro de la magia arcana

Antes de que las palabras hechicero o traidor se asociaran a su nombre, Eldran era simplemente el Maestro de Vhen'Kor: el académico más brillante de su generación en el estudio de la magia arcana, aquella de las nueve fuerzas fundamentales que mejor entendía la humanidad. Publicó tratados sobre astronomía, sobre la naturaleza del alma, sobre los símbolos que los Nueve Eternos habían dejado inscritos en las piedras antiguas.

Tenía una esposa a la que amaba y un hijo pequeño que empezaba a demostrar la misma curiosidad que su padre. Durante muchos años, aquello le bastó.

La peste que ninguna magia pudo curar

Todo cambió cuando la enfermedad llegó a Vhen'Kor. Una plaga que ningún médico reconocía, contra la que ningún conjuro humano tenía efecto. Eldran probó cada disciplina que conocía: agua, tierra, luz, viento, arcana. Ninguna curó a su esposa. Ninguna salvó a su hijo. Los enterró él mismo, sin permitir que nadie más los tocara.

Fue entonces cuando comprendió, con una claridad terrible, algo que hasta ese día había sido solo teoría: la afinidad humana con las nueve fuerzas era pequeña. Insuficiente. Los Nueve Eternos nos habían dado un poco de todo, y por eso —a diferencia de los otros seres del cosmos— no podíamos dominar del todo nada.

"Si los dragones no mueren por fiebre y los elfos no lloran a sus hijos, entonces los Nueve nos hicieron con menos amor del que dicen las escrituras." — Eldran Veyr, "Cartas privadas"

La búsqueda de la Gema

Eldran dejó de escribir tratados y empezó a buscar respuestas. Durante décadas rastreó los rumores de la Gema de Gemoria, la reliquia que los Nueve Eternos habían forjado uniendo su propia esencia. Si contenía un fragmento de las nueve fuerzas, razonaba él, entonces también contenía la cura que ningún humano por sí solo podía canalizar.

La encontró en un templo sumergido bajo las montañas del noreste. Nadie sabe cómo la extrajo. Cuando volvió a Vhen'Kor, ya no era el mismo hombre. Decía haber oído voces al tocarla. Voces que le hablaban desde el otro lado de la Barrera. Voces humanas, suplicando ser oídas.

El otro relato

En Lytharia, algunos eruditos conservan copias prohibidas de los últimos escritos de Eldran. En ellos afirma que la Barrera de Hielo no fue construida para impedir que los otros mundos entraran en Gemoria, sino para impedir que los humanos salieran. Que los Nueve, en algún momento del pasado, dejaron de confiar en su propia creación.

¿Y si Eldran no abrió los portales por ambición ni por venganza? ¿Y si los abrió porque creyó que aún había humanos al otro lado de la Barrera —hijos, esposas, hermanos— pidiendo volver a casa? Estas preguntas, hoy, están castigadas con la expulsión del Imperio.

¿Muerto?

Los cronistas oficiales aseguran que Eldran cayó en la cima de Vhen'Kor, bajo el filo de Asterion, antes del tercer golpe. Pero jamás se encontró su cuerpo. Cada cierto tiempo, algún aventurero regresa de las Tierras Prohibidas con una historia extraña: una figura envuelta en púrpura, caminando entre ruinas, hablando con voces que nadie más puede oír.

◈ ◆ ◈

La historia recuerda a Eldran como el hombre que rompió el mundo. Pero cuando los fragmentos vuelvan a reunirse, quizá también sea el único que sepa por qué.

Leyendas relacionadas