Ninguna otra reliquia ha inspirado más leyendas, más guerras ni más silencios. La Gema no es un objeto: es un fragmento de la voluntad de los propios Eternos, encerrada en un cristal.
Cuando los Nueve Eternos crearon Gemoria como el Corazón de los Mundos, quisieron dejar en manos de sus habitantes una herramienta capaz de mantener el equilibrio entre las nueve fuerzas. Para forjarla, cada uno de ellos cedió una chispa de su propia esencia. Fuego, tierra, agua, rayo, viento, hielo, luz, oscuridad y magia arcana se unieron en un solo cristal de color imposible, que cambiaba de tono según la fuerza que se le pidiera invocar.
Los pueblos antiguos lo llamaron simplemente la Gema. Con el tiempo, aquel objeto acabó dando su nombre al continente entero.
El poder de abrir el mundo
La Gema tiene una función que la humanidad tardó siglos en comprender por completo: puede canalizar cualquiera de las nueve fuerzas fundamentales, y con ellas, abrir puentes controlados hacia el reino que las representa. En manos correctas, permite dialogar con los mundos del fuego, del hielo, de la luz, de la oscuridad, o de cualquier otra esencia más allá de la Barrera.
En manos incorrectas —o simplemente en manos sinceras que no comprenden lo que piden— puede romper el velo por completo. Eso es exactamente lo que ocurrió cuando Eldran Veyr la activó.
"La Gema no distingue entre puertas y grietas. Solo abre lo que se le pide." — Comentarios de la Academia de Lytharia
Los tres golpes y los fragmentos
Cuando Asthor descendió de Vhen'Kor con la Gema en una mano y la espada Asterion en la otra, la humanidad supo que algo iba a cambiar para siempre. Al primer golpe, los cielos se silenciaron. Al segundo, los portales se cerraron. Al tercero, la Gema se quebró.
Los fragmentos que quedaron esparcidos por el mundo no eran doce, ni siete, ni tres. Eran tantos como pudieron romperse: piezas irregulares, algunas del tamaño de un puño, otras apenas como un guijarro. Pero todas tenían algo en común. Ninguna dejó de brillar.
La Gema, forjada por los Nueve Eternos, no podía ser destruida. Solo dispersada. Cada fragmento seguía conteniendo una parte pequeña del poder original: insuficiente para abrir un portal por sí solo, pero suficiente para llamar a los demás fragmentos, poco a poco, a través del tiempo.
Los fragmentos conocidos
Los eruditos de Lytharia han logrado catalogar algunas de las piezas que aparecen en las crónicas antiguas:
- Fragmento del Fuego Interior — enterrado en un volcán extinto de las Tierras Prohibidas.
- Fragmento del Hielo Silente — perdido más allá de las montañas del norte.
- Fragmento de la Luz Cegadora — custodiado, dicen, por una orden monástica que ya no existe.
- Fragmento de la Sombra Larga — nunca documentado formalmente; se sospecha que jamás salió del templo donde cayó.
- Fragmento de la Voz Arcana — el más peligroso; se dice que sigue hablando a quien lo toca.
Se cree que existen muchos más. Algunos jamás han sido mencionados en ningún archivo. Otros descansan en manos que preferirían no ser descubiertas.
El regreso
Los fragmentos comenzaron a reaparecer hace apenas unos años. Nadie sabe si es una coincidencia, si son atraídos por una fuerza que aún no comprendemos, o si alguien los está devolviendo a propósito. Lo que sí se ha comprobado es esto: cada fragmento recuperado hace que los demás resuenen. Y cuanto más resuenan, más cerca están de volverse a llamar unos a otros.
Los sabios advierten: la Gema no fue diseñada para permanecer partida. Cada instante que pasa fragmentada es una violación de la voluntad de los Nueve. Y las cosas forjadas por Eternos siempre buscan volver a unirse.
La pregunta no es si volverá a reunirse. La pregunta es: ¿en manos de quién, y para qué puerta?