El mundo de Gemoria

Un antiguo reino rodeado por una barrera de hielo eterna.

Antes de que el tiempo tuviera nombre, antes de que existieran los mundos, solo había un océano infinito de energía viva: el Éter Primordial. De él nació todo lo demás. Incluso Gemoria.

De ese océano surgieron nueve consciencias: los Nueve Eternos. Cada uno encarnaba una fuerza fundamental de la existencia y una raza que respondía a ella: Pyrion, señor del fuego y padre de los dragones; Gaeroth, guardián de la tierra y origen de los orcos; Nymara, dama de las aguas; Raekor, portador del rayo y forjador de los minotauros; Aeryn —nombre poco pronunciado—, señora del viento; Iskarya, corona del hielo; Lumiel, resplandor y madre de los elfos; Nythar, custodio de la oscuridad y padre de los demonios; y Elyndor, tejedor de la magia arcana. Cada uno moldeó un mundo a su imagen, poblado por criaturas afines a su esencia.

Pero cuando quisieron crear un mundo que uniera todas sus fuerzas en un solo lugar —un corazón donde las nueve energías pudieran convivir— nació Gemoria. Y con ella, una raza única: la humanidad. Seres frágiles, mortales, pero con una afinidad pequeña a todas las fuerzas del universo.

"Los otros dominan una sola llama. El humano toca todas ellas, aunque con dedos torpes." — Escritos de los primeros sabios de Lytharia

El Corazón de los Mundos

En sus orígenes, Gemoria no se llamaba Gemoria. Los pueblos antiguos la conocían como el Corazón de los Mundos: el único lugar del cosmos donde las nueve energías se entrelazaban en armonía. Sus bosques crecían iluminados por auroras vivas, sus ríos manaban de manantiales que cambiaban de temperatura con las estaciones, y sus cielos eran atravesados por dos lunas que muchos creyeron forjadas por los propios Eternos.

Para preservar ese equilibrio, los Nueve unieron un fragmento de su propia esencia en un único cristal. Lo llamaron simplemente la Gema: una reliquia capaz de canalizar cualquiera de las nueve fuerzas y, en manos correctas, mantener puentes ordenados entre los mundos. La primera persona en tocarla sin morir en el intento fue un humilde pastor de la meseta central conocido después como Auren, el Primer Canalizador: a él se atribuye el descubrimiento de que la humanidad podía dialogar con las nueve fuerzas al mismo tiempo. Con el tiempo, aquel cristal acabó dando su nombre al continente. Y así, el Corazón se convirtió en Gemoria.

"Los Nueve construyeron las puertas, pero no fueron los primeros en atravesarlas." — Códice de los Nueve Márgenes, fragmento IV

Esa frase, susurrada por eruditos que muy pocos se atreven a citar en voz alta, sugiere que quizás incluso los propios Eternos heredaron un mundo que ya existía. Es una posibilidad que la teología oficial rechaza, pero que reaparece cada vez que alguien intenta explicar por qué la Gema, aún fragmentada, sigue latiendo como si tuviera memoria propia.

Un mundo protegido

Rodeando el continente entero se alza la Barrera de Hielo, un muro colosal cuya cima se pierde en las nubes. Se dice que los propios Nueve la levantaron para mantener a la humanidad a salvo mientras aprendía a manejar el peso de su afinidad múltiple. Durante siglos, esa frontera pareció un regalo. Nadie sospechó, entonces, que también pudiera ser una cerradura.

Dentro de sus límites, la humanidad prosperó. Levantó siete grandes ciudades, forjó reinos, escribió tratados sobre las estrellas y las gemas. Y creyó, durante milenios, que el mundo terminaba donde empezaba el hielo.

El principio del fin

Un día, un hombre miró la Barrera y se preguntó qué había del otro lado. Su nombre era Eldran Veyr, sabio de la magia arcana. Y con esa pregunta —aparentemente inocente— empezó a girar el engranaje que rompería el mundo.

◈ ◆ ◈

Estas son las crónicas del Corazón de los Mundos. De los Eternos que lo forjaron, del hechicero que lo abrió, del rey que lo salvó a costa de romperlo, y de la Gema que aún hoy espera —fragmentada— la mano capaz de reunirla.

Bienvenido a Gemoria.

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